lunes, 10 de junio de 2013

APUNTES DE UN CRONISTA ALMAGRENSE


Nos tocó verlo desde atrás del arco.
A los periodistas no nos mandan ahí.
Tuvimos que hacer una gestión un tanto extraña con la policía.
Abusando del verticalismo, comenzamos con una agente mujer que anotaba, pasamos a un oficial de handy en mano, hasta llegar a un Sub Comisario colorado que nos permitió acceder a la tribuna.
Lo hicimos un poco por cábala, ya que los últimos partidos que vimos desde la platea del  León Kolbovsky perdimos.
Pero principalmente pedimos cambiar de lugar por si se presentaba la posibilidad de gritar algún gol y así. no tener que ahogarlo en el pecho.
Había llovido toda la noche por lo que saltando charcos llegamos a la cabecera 
para integrarnos al grupo de 60 dirigentes, jugadores, periodistas, allegados etc.

Un extraño y fuerte olor a vinagre impregnaba el ambiente.
Todo quedó claro cuando uno del grupo se dio cuenta de que había tirado un envase vacío, de plástico, escondido detrás de un cartel de publicidad.
Si señor, leyó bien, habían volcado un litro de vinagre detrás de la línea de gol.
A esa altura hasta los supersticiosos podían tomar esa botellita vacía como síntoma de debilidad y temor, aún dentro del folclore del futbol.
El olor desapareció cuando a los poquitos minutos estábamos todos colgados del alambrado cara a cara con el Chipi que festejaba.
Luego vino la ansiedad en aumento, interrumpida por dos o tres sobresalaltos, hastas el penal, resbalón, gol...
¡Gooool…
¡Vamos carajo!
La Hora Vigliano…
Pri… Pri… Priiiiiiiiii…
Villa Crespo muda, y nosotros gritando y cantando frente a frente con los jugadores…
-“… que salen a ganar, quieren salir Campeón…”
(interrupción de un policía que nos intentaba sacar con suaves empujones hacia la salida)
-“Señores tienen que ir saliendo... Es por su seguridad personal”
-(y nosotros) “… que lo llevan adentro, como lo llevo yo”
Y de ahí a la calle,.
Mezclándonos con los de amarillo, azul y caras tristes que inundaron Juan B. Justo.
Sin pausa, y con prisa, directo rumbo al Estadio Tres de Febrero.
El sol se empezaba a esconder cuando arribamos a la cancha.
Cada vez llegaba más gente.
Bombos, banderas, vino en cajita y algunas "frescas".
Familias enteras vestidas de azul, blanco y negro.
Un auto blanco llega tocando bocina como en el mundial, y baja el conductor de la mano de sus dos hijos, dejando a la patrona dentro del auto.
Desde la terraza de enfrente al estadio otro papá cuelga un trapo tan noble como desteñido.
Algunos se trepan al cartel, despliegan banderas largas, humo, hay globos...
Por “MarceloTe” ya no circulan autos porque la policía cortó (como (uando hay partido).
De repente, como sucede siempre que uno espera algo con muchas ganas, aparece el micro por la esquina del Estacionamiento e ingresa al Estadio.
Minutos de suspenso y pronto asoman todos los jugadores por el balcón que forma el contrafrente de la platea central.
Salen como estrellas de rock para recibir los aplausos tras el recital, emocionados.
Se asoman hacia Alvear desde donde les hacemos loas...
Parecido a un banderazo de hace como una decadad en los balcones del Hotel  Luey, ahora en José Ingenieros.
Ellos se abrazan y cantan.
Parecen chicos, y muchos de ellos lo son.
Agitan banderas, golpean la chapa, le gritan a Ciudadela, se lo dedican al pincha y se auto aluden cuando dicen “que los jugadores me van a demostrar”…
Delicioso absurdo paradojal.
Ellos empezaban las canciones y nosotros las seguíamos.
Ellos en las tribunas y nosotros observados por ellos.
Ellos siendo nosotros y nosotros ellos…
Todos, uno solo…
Almagro.

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