lunes, 23 de enero de 2017

DE LA RIVA GOOD SHOW - (POR J:P. ZUMPANO)


Felipe de la Riva es un personaje muy particular.
Dueño de un estilo simple y de apariencia introvertida, llegó a Almagro tras la repentina salida de Fernando Ruiz.
Superó la resistencia inicial de la tribuna y respondió con puntos a las críticas sobre un supuesto estilo defensivo.
Puso el cuerpo tras la eliminación de la Copa Argentina, sin vacilar y demostrando temple en el momento de mayor debilidad en su cargo.
Vive los partidos a pleno, y no disimula su vehemencia.
El tipo se ubica en el borde de la raya de cal, cada tanto se mete y se molesta con el juez línea interponiéndose en su carrera.

Gesticula, grita, charla con ayudantes y suplentes, se ríe, mueve el cuerpo, se agarra la cabeza…
Toda esa puesta en escena me llamó la atención y desde entonces decidí ver todos los segundos tiempos detrás del banco de local, desde la baranda de la platea que ocupamos los periodistas gráficos.
Tiene algo de Pascuttí cuando se enoja, aunque el Beto dirigía mucho más tiempo sentado que Felipe que casi siempre está de pie.
Es muy llamativo el trato con los jugadores, eso sí no se lo vi a ningún DT.

Directo y frontal, dando indicaciones particulares y hasta “cagando a pedos” al que comete un error.
Franco: ¿A dónde vas?... ¡Esperalo más atrás!"
“Nicolás, dale viejo metete en el partido… ¿Qué te pasa hoy?”
“Pocho, para adelante…

¿Cuántas veces te dije que no recibas laterales de espalda, la puta madre?"
“Dale viejo que recién entrás y estás fresco” y hasta un “… dame bola porque la próxima te saco”.
Lo que más sorprende es que muchos jugadores le contestan y algunos lo hacen en tonos altos, que para los que no conocemos la intimidad del trato se nos hace difuso el límite de autoridad Director-Dirigido.
También interactúa con la platea.
Al segundo partido que me dispuse a observarlo desde atrás, tras un fallo muy polémico del árbitro Felipe se dio vuelta, nos miró y nos dijo en tono imperativo: “Vamos viejo puteenló, grítenle que nos está cagando”.
En otro partido, un plateista le cuestionó el ingreso de Espínola, cuando el trámite del encuentro suponía la necesidad de meter algún jugador más de marca ante la salida de Scatolaro, entones De la Riva se dio vuelta y le explicó “Lo que no tenés en cuenta es que me quedan todos los petisos, lo pongo porque necesitamos altura” dejando mudo al demandante.
Otra anécdota que lo pinta claramente fue la que presencié en Lomas de Zamora previo al partido con Los Andes el viernes 7 de octubre del año pasado.
Ese partido tuvo una demora en el comienzo debido a la llegada tarde de la delegación de Almagro al estado Gallardón.


Mientras se estiraba la espera y ante la incertidumbre sobre la llegada del micro pude dialogar con varios dirigentes y allegados de Los Andes quienes entre risas y tonos socarrones dudaban si la llegada tarde no tenía que ver con alguna picardía del DT.
“Acá lo conocemos bien, esto es típico de Felipe” comentaban en los pasillos previos al vestuario desconfiando de las versiones oficiales que hablaban de problemas de tránsito.
Al intentar profundizar sobre la imagen que tenían de él me dijeron “De la Riva es un loco, pero acá lo queremos mucho”.
Ni bien avanzamos en la charla no tardó en llegar el recuerdo del 2009 cuando Deportivo Merlo dirigido justamente por el hombre en cuestión, les ganó el partido de la Promoción y los mandó a la “B” Metropolitana.

Ese partido no pudo terminar porque a los a los 45 del segundo tiempo, el árbitro Cristian Faraoni adicionó ocho minutos y Felipe de la Riva, entró a la cancha a quejarse y, tras ser expulsado, los jugadores de Los Andes quisieron que se apure para salir de la cancha y se armó un tumulto por el que fueron expulsados Walter Cáceres y Beto Yaqué para el local… Dificil de olvidar, obviamente.
Al finalizar la charla me comuniqué con el dirigente que estaba a cargo de la delegación y venía en el micro junto a los jugadores.
Le pregunté con la mayor de la confianza y asegurándole la reserva absoluta sobre la respuesta.
Me aseguró y me juró que el DT tricolor nada tuvo que ver con la demora.
Yo le creí.
Y como al personaje lo sigo descubriendo, a la semana siguiente, en José Ingenieros, me volví a parar atrás del banco para disfrutar el De la Riva Good Show.


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