lunes, 28 de septiembre de 2026

LA TRIPLE DERROTA DE ALMAGRO

Almagro sufrió tres derrotas en un solo un partido. La deportiva, la simbólica y la política. El 0-1 ante Nueva Chicago, en un encuentro que excedió lo futbolístico, puede dejar consecuencias en la pelea por la permanencia: un combo que nos dejó con más incertidumbres que plata en el bolsillo.


La derrota deportiva fue la más evidente. Chicago, un equipo que llegaba casi muerto y desbordado de limitaciones (incluso más que Almagro) se encontró un gol tempranero de pelota parada, en medio de una arremetida y nuestros habituales errores defensivos. 

A partir de entonces, los de Mataderos, empujados por la presencia de su público y una resistencia futbolística burda pero inteligente, encontraron los argumentos para llevarse tres puntos que, por lo escenográfico lograron impostar un clima cercano a lo "épico". 

No le sobró fútbol, pero le alcanzó con algo de garra. 
Así fue que nos ganó, de manera injusta pero bien laburando, consiguiendo un triunfo que podría darle un impulso anímico de cara a las cinco fechas finales. 

La derrota simbólica comenzó con un único protagonista: gente de Almagro, que colmó las tribunas, desplegó las banderas, protagonizó un recibimiento histórico y alentó sin parar, bajo la lluvia y el frío. 

También se bancó la derrota y la eterna espera para abandonar el Estadio Tres de Febrero, mientras el operativo de seguridad priorizaba la salida de los visitantes. La pasión del hincha estuvo a la altura de una jornada histórica. 

Pero la decisión de habilitar visitantes le regaló a Nueva Chicago la oportunidad construir un guión de película, llegando con una caravana desde Mataderos (filmada con prolijos drones desde los puentes de la General Paz) llenar su tribunita, gritar con las mismas ganas que tenemos nosotros de "ir de visitantes" y celebrar un triunfo que revitalizó a un equipo que parecía inválido cuando salió a la cancha. 
Las imágenes se multiplicaron en las redes, inundando de un folclore lógico, pero super incómodo para nosotros: los de Almagro. 

Tal vez no sea el mejor momento para preguntarse, pero resulta inevitable: ¿Cuánto influyó en el resultado la presencia del público rival? 

La derrota política fue el costo de una apuesta de la Comisión Directiva. 
La habilitación de visitantes ante un rival directo por el descenso fue una decisión demasiado audaz, para un partido atravesado por la rivalidad histórica, la cercanía geográfica y la necesidad de ambos equipos de sumar. 
La iniciativa inscripta en la nueva política de la AFA para recuperar el público visitante, resultaba acorde al momento del Presidente del Club Almagro, ocupando un flamante cargo en la Divisional como uno de los delegado de la categoría, y ratificando uno de sus perfiles más fuertes: la cercanía con Chiqui Tapia. 

En las ultimas décadas, Almagro tuvo presidencias con todos los estilos: y la gestión mezcló todos los perfiles: los que llegaban con millones, políticos soñadores trasnochados, oportunistas de ocasión, estuvieron de moda las mentiras, la locura, el odio, la abulia...  
Hubo buenos momentos con ascensos y otros malos, pero cada presidente dejó una imagen preponderante, y es recordado de diferentes maneras por el socio.

El actual presidente aún no había actuado de una manera definida.
Mantuvo un perfil bajo desde que ganó la presidencia. 
Se podría decir que esta su fue su primera gran apuesta. 

Si Almagro ganaba era "win+win+win". 
Puntos en casa, despegar del fondo, tarasca en el bolsillo: ganancia deportiva, económica e institucional. 
Una recaudación importante, felicitaciones de Viamonte por el regreso en paz de ambas parcialidades y una victoria en un partido clave. 

Pero el resultado fue el contrario. La derrota terminó opacando los posibles beneficios de la medida y convirtió la primera gran apuesta audaz de la conducción en un motivo de cuestionamiento. 

Almagro perdió en la cancha, padeció la celebración de su rival y quedó expuesto por una decisión que que terminó agravando el impacto de una tarde que nos dejó con con más incertidumbres que plata en el bolsillo.

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