Todos lo conocen como “Polaco” y desde hace cinco años recorre cada partido de Almagro con dos cámaras y una misión: retratar al club y, sobre todo, a su gente. Fotógrafo de profesión, trabaja ad honorem y convirtió las tribunas en parte de su archivo personal, regalando imágenes que los hinchas esperan y comparten. En esta entrevista cuenta cómo nació ese vínculo, qué sintió cuando la pasión le ganó al profesionalismo y por qué asegura que el día que el Tricolor ascienda va a pintar su casa con los colores de Almagro.
Contale a la gente quién sos, Polaco...
Mi nombre es Ariel Gustavo Bysinski. cumplí hace poco 59 años. Soy fotógrafo desde hace 20 años y en Almagro trabajo desde hace aproximadamente cinco. Arranqué cubriendo el futsal femenino, donde jugaba mi hija, y después empecé a pedir las habilitaciones para cubrir los partidos de Primera. Siempre conté con la ayuda de Walter Vázquez.
Quienes van a la cancha saben que recorrés la tribuna antes del partido, en el entretiempo y hasta durante el juego para sacarles fotos a los hinchas. Después las subís a las redes y la gente las comparte. ¿Cómo nació esa idea? ¿Fue algo planificado? ¿Y cómo te hace sentir brindar ese servicio?
El vínculo con la gente salió solo, de manera espontánea. Empecé a pensar en el esfuerzo que hace cada uno para poder ir a la cancha y en lo poco que me cuesta a mí regalarles una imagen. Al principio no hacía tantas fotos de la gente, pero después entendí lo glorioso que debe ser para un hincha aparecer en una imagen publicada por el club y empecé a hacerlo cada vez más.
Es un trabajo que lleva mucho tiempo después del partido: bajar las fotos, editarlas y seleccionarlas. Como sé que la gente las espera con paciencia, siempre les doy prioridad.
Sé que podría hacer un trabajo rentado, pero no me interesa. Lo que recibo de la gente es maravilloso.
Y con respecto a las cámaras, la más grande la uso para las imágenes de lejos y la otra para las fotos de cerca. Por eso voy cambiando durante el partido.
¿Los días en que Almagro gana la gente pide más fotos? ¿Quiénes son los que más te las piden y quiénes son los que más te agradecen?
La cantidad de fotos de la gente es prácticamente la misma, gane o pierda Almagro. Siempre me piden y hago todo lo posible para no dejar a nadie sin su foto. Los que más me las piden son los chicos y después los padres o las madres con sus hijos. No tengo preferencias; trato de atender a todos por igual.
¿Cuántas fotos sacás aproximadamente por partido? ¿Fotografiás más a la tribuna o al juego? ¿Y nunca te cansás de que te pidan tantas fotos?
En cada partido saco aproximadamente 600 fotos o más. La cantidad está bastante repartida entre imágenes del partido y de la gente. Y no, no me cansa. Al contrario, me gusta.
¿Qué sentís por Almagro? ¿Cómo vivís este momento del club y qué relación tenés con el plantel y con la dirigencia?
Siento una pertenencia maravillosa, unida a la responsabilidad de cumplir profesionalmente.
Con respecto al plantel, me involucro únicamente desde mi trabajo. Jamás voy a analizar un rendimiento porque lo mío es otra cosa.
Con la dirigencia estoy muy bien, muy cómodo. Soy parte de la prensa del club y, dentro de mis posibilidades, cumplo con mi tarea. Nosotros hacemos este trabajo ad honorem y mi idea es seguir haciéndolo siempre, sin importar quién sea la dirigencia, pero siendo respetado.
Y la realidad es que tanto la dirigencia como los jugadores son muy respetuosos conmigo, y eso me da la libertad para hacer mi trabajo.
En el último partido todos vimos una imagen muy particular: después del triunfo agónico saliste desde un costado de la cancha con una bandera para festejar. ¿Qué sentiste en ese momento? ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
Yo salgo para hacer las fotos del festejo, pero en ese momento me volví a agarrar la bandera. Fue algo que cualquiera de los que estaba en la tribuna hubiera hecho. Lo pasional sobrepasó a lo profesional. Después lo pensé bien, porque mi historia nunca fue figurar yo, sino mostrar a la gente. No sé si estuvo bien o mal, pero fue lo que me salió y me gustó. Si se observa bien, en realidad no voy con los jugadores.
Al hincha le diría, con mucho respeto, que lo admiro porque está siempre, sin importar los resultados. También que jamás voy a dejar de hacer lo que hago por ellos y que, si alguna vez no les saco una foto, es simplemente porque no los vi.
Lo que más me gusta es el respeto con el que me tratan desde las tribunas, la dirigencia y los jugadores. Soy muy feliz en Almagro y disfruto cada partido por igual.
Y hago una promesa: el día que el Tricolor ascienda voy a pintar mi casa con los colores de Almagro.
Ojalá pudiera hacer todavía más por el club y por su gente.

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